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Sergio Pérez: «La IA no sustituye la experiencia de un desarrollador, es un gran apoyo para ganar tiempo y ampliar tu perspectiva»

Sergio Pérez, programador de Grupo CIE, nos habla en esta entrevista de su trayectoria y de su visión del mundo […]

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Sergio Pérez, programador de Grupo CIE, nos habla en esta entrevista de su trayectoria y de su visión del mundo de la tecnología. Desde que se unió a la empresa, su crecimiento ha sido exponencial, pasando de ser un joven con mucha curiosidad a convertirse en una figura clave dentro de su equipo.

A lo largo de esta entrevista, nos explica cómo ha evolucionado su forma de trabajar, qué es lo que más disfruta de su labor diaria y cómo herramientas como la inteligencia artificial están influyendo en su día a día. ¡Conoce más sobre él aquí!

Si echas la vista atrás a tu primer año en Grupo CIE y lo comparas con ahora, ¿qué crees que ha cambiado más en tu forma de trabajar?

Cuando llegué a Grupo CIE apenas tenía dos años de experiencia profesional en el mundo de la programación, aunque ya había trabajado en muchos proyectos personales que me habían dado cierta base. En aquel momento, como es normal en alguien que aún se considera junior, dependía bastante de la guía y el apoyo de compañeros con más trayectoria.

Con el tiempo, esa dependencia fue desapareciendo. Hoy en día me siento mucho más autónomo, capaz de tomar decisiones por mí mismo y de asumir con confianza la responsabilidad de las tareas que me corresponden. El mayor cambio ha sido precisamente ese: pasar de necesitar supervisión a convertirme en alguien que puede avanzar con independencia, pero también sabiendo cuándo es valioso compartir, preguntar o colaborar con el equipo.

Ahora me encuentro en la posición contraria. Cuando entra un nuevo compañero o alguien con menos experiencia, muchas veces soy yo la persona a la que acuden para resolver dudas o pedir orientación.

Ese paso de aprendiz a referente dentro del equipo es, sin duda, uno de los logros que más valoro de mi crecimiento en la empresa.

Tu rol implica mucho más que programar: analizas mejoras, das soporte a clientes y participas en implementaciones. ¿Cuál de estas partes disfrutas más y por qué?

La parte que más disfruto es analizar mejoras. Me motiva mucho enfrentarme a un proceso o a una funcionalidad existente y pensar cómo podría optimizarse, ya sea a raíz de una necesidad que nos plantean los clientes o simplemente detectando oportunidades de mejora en el día a día. Creo que es una fase muy creativa, donde no solo aplicas conocimientos técnicos, sino también la capacidad de ponerte en la piel del usuario y entender cómo hacer su trabajo más fácil y eficiente.

También encuentro una gran satisfacción en las implementaciones. Ver cómo una idea o un desarrollo en el que has invertido tiempo y esfuerzo pasa de ser “código en la pantalla” a convertirse en una herramienta real que utiliza un cliente, y comprobar su reacción positiva, es de las cosas que más motivan. Esa sensación de cerrar un ciclo —desde la idea inicial hasta el resultado final— me recuerda por qué me gusta tanto esta profesión.

Por supuesto, el soporte también es importante porque te permite tener contacto directo con el cliente y aprender de sus necesidades reales, pero si tengo que elegir, me quedo con el análisis de mejoras y las implementaciones como los momentos en los que más disfruto y más me siento realizado.

Trabajas directamente con mayoristas del sector pesquero. ¿Cómo es ese contacto con un sector tan específico y qué retos plantea desde el punto de vista técnico?

Trabajar con mayoristas del sector pesquero tiene sus particularidades. La mayoría de los clientes no son profesionales de la informática, su experiencia está centrada en comprar y vender pescado, y su tiempo y conocimiento para aprender un sistema informático suele ser limitado.

Si tuviera que compararlo con alguien, a veces se sienten un poco como Antonio Recio, directos, prácticos y con las prioridades muy claras, ¡lo que importa es el negocio y no complicarse con la tecnología!

Eso plantea un reto técnico y humano a la vez, porque debemos crear soluciones que sean fáciles de usar, intuitivas y eficientes, sin complicarles la operativa diaria. Requiere paciencia y atención, guiándoles en cada paso y asegurándonos de que comprendan cómo funciona el sistema sin abrumarlos con información innecesaria.

Desde el punto de vista técnico, significa anticiparse a posibles problemas por desconocimiento del usuario y diseñar interfaces y flujos de trabajo lo más claros posible. Al final, el objetivo es que la herramienta cumpla su función de manera natural y que el cliente pueda centrarse en su negocio sin preocuparse por la tecnología.

Has demostrado ser alguien muy adaptable y con gran curiosidad tecnológica. ¿Cómo te mantienes al día y cómo aplicas esas novedades en tu día a día?

Desde muy joven la tecnología me ha apasionado. Estudié Ingeniería Multimedia en la Universidad de Alicante, una carrera que me permitió aprender muchos lenguajes de programación y acercarme a diferentes áreas del desarrollo. Además, durante esos años hice muchos contactos valiosos con profesores y compañeros, con quienes todavía comparto información, experiencias y buenas prácticas.

Siempre he estado pendiente de las novedades que iban apareciendo y, por pura curiosidad, he buscado por mi cuenta información en internet para entender cómo funcionaban o cómo podía aplicarlas. Muchas veces me gusta imaginar proyectos que podrían facilitarme la vida en el día a día e intento desarrollarlos. Aunque por falta de tiempo la mayoría no llegan a completarse, lo interesante es que en el proceso siempre aprendo algo nuevo, ya sea sobre tecnologías concretas, metodologías o buenas prácticas que luego puedo aplicar en mi trabajo.

Otro aspecto que me ha ayudado mucho es rodearme de gente del sector con la que he compartido experiencias y conocimientos durante años. Ese intercambio constante enriquece mucho, porque no solo aprendes de lo que investigas por tu cuenta, sino también de las perspectivas y soluciones que otros han encontrado.

Además, sigo activamente a desarrolladores y comunidades en redes sociales como LinkedIn o Facebook, lo que me permite estar al tanto de las últimas tendencias, herramientas o marcos que están marcando la pauta en el mundo de la programación. De esta forma, aunque no siempre profundice de inmediato en todas las tecnologías nuevas, al menos tengo una visión general de hacia dónde se mueve el sector y qué cosas merece la pena explorar más a fondo.

Estás acostumbrado a trabajar con autonomía, pero también en equipo. ¿Qué importancia le das a la colaboración entre compañeros en un entorno como el vuestro?

Para mí, la colaboración en equipo es fundamental en el trabajo de un desarrollador. Aunque cada uno pueda avanzar de manera autónoma en sus tareas, siempre hay momentos en los que necesitas el apoyo de los demás. En proyectos grandes, donde intervienen muchos desarrolladores y existen múltiples piezas que deben encajar, la comunicación y el trabajo conjunto marcan la diferencia.

Puedes tener muchos conocimientos, pero siempre habrá áreas que no domines por completo o problemas que te bloqueen en algún punto. En esos casos, contar con compañeros dispuestos a compartir su experiencia es clave.

Cuatro ojos ven más que dos, y muchas veces una segunda opinión puede desbloquear lo que parecía un callejón sin salida.

Algo que me parece importante destacar es que pedir ayuda o hacer preguntas no es una debilidad, sino todo lo contrario, es una oportunidad para aprender. Todos nos atascamos en algún momento, y abrir el diálogo con el equipo no solo resuelve el problema más rápido, sino que además enriquece tu conocimiento y te da un feedback muy valioso a nivel personal y profesional.

¿Cómo te enfrentas a un problema técnico cuando no tienes una solución clara al principio? ¿Cuál es tu proceso mental?

Lo primero que hago es analizar bien qué se va a desarrollar y en qué partes del proyecto impacta. En mi mente suelo visualizar el flujo completo: las funciones que intervienen, sus entradas y salidas, y la parte visual del programa, lo que me ayuda a tener claro por dónde empezar. A partir de ahí, avanzo paso a paso, evaluando posibles riesgos o problemas no contemplados y pensando en alternativas.

Si el cambio afecta a más compañeros, lo comento con el equipo para consensuar la mejor solución. Y una vez definido el camino, implemento de forma ordenada, probando y validando poco a poco. De esta manera convierto un problema difuso en un proceso más claro y manejable.

¿Qué crees que valora más un cliente del trabajo que hacéis desde programación, aunque muchas veces no lo vean directamente?

Creo que lo que más valora un cliente, aunque no siempre sea consciente, es la simplicidad y la confianza en el sistema. Por un lado, que la herramienta sea intuitiva y fácil de usar, incluso para alguien que no tiene conocimientos informáticos. Eso implica ponerse constantemente en su piel y pensar cómo hará cada acción, cómo navegará por las pantallas y cómo logrará su objetivo con el menor número de pasos posibles.

Por otro lado, la fiabilidad es igual de importante: que el sistema funcione sin errores, que no falle en momentos críticos y que el cliente no tenga que estar pendiente de avisarnos cada poco tiempo por un problema. Cuando un cliente utiliza una aplicación y “simplemente funciona”, sin tener que preocuparse de nada, es cuando realmente siente que el producto le aporta valor.

Al final, aunque el trabajo de programación no siempre sea visible, lo que de verdad queda es la experiencia del cliente, que perciba que la herramienta le facilita su día a día, que no le genera frustración y que puede confiar en ella plenamente. Y creo que ahí está la clave de lo que más aprecian de nuestro trabajo.

¿Qué papel juega la escucha activa en tu trabajo diario, especialmente cuando lidias con clientes que no siempre saben expresar bien lo que necesitan?

La escucha activa es fundamental en mi trabajo diario. Muchas veces los clientes no saben exactamente cómo expresar lo que necesitan o no son conscientes de todas las posibilidades del sistema, por lo que es clave prestar atención a cada detalle de lo que nos cuentan. Mi enfoque consiste en guiarles paso a paso: haciendo preguntas, proponiendo pequeñas pruebas dentro del programa y observando cómo interactúan, para identificar dónde realmente surge la necesidad y cómo podemos solucionarla de la forma más clara y eficiente.

Además, es muy útil repetir con ellos lo que se va a hacer, explicando paso a paso la solución propuesta y confirmando que coincide con lo que necesitan. En algunos casos, también ocurre que la funcionalidad que buscan ya existe, y gracias a la escucha activa podemos orientarles sin reinventar la rueda.

Escuchar con atención no solo ayuda a entender mejor al cliente, sino que evita malentendidos, ahorra tiempo y garantiza que el resultado final cumpla sus expectativas.

¿Qué es lo que más te engancha del mundo de la programación? ¿Qué sigue manteniéndote motivado tras tantos años?

Lo que más me engancha de la programación es la sensación de poder transformar una idea en algo real y funcional. Es como tener un lienzo en blanco en el que, con lógica y razonamiento, puedes construir soluciones que resuelven problemas concretos o que mejoran la vida de las personas. Para mí, programar es una mezcla entre creatividad y técnica: necesitas imaginación para idear cómo hacerlo y conocimientos sólidos para llevarlo a la práctica.

Me motiva especialmente el hecho de que, con las herramientas adecuadas, prácticamente cualquier cosa que pienses se puede crear. Desde automatizar una tarea sencilla hasta diseñar un sistema complejo, siempre hay un reto nuevo que afrontar y algo que aprender en el camino. Esa constante evolución, con nuevas tecnologías, frameworks y metodologías, hace que nunca sea aburrido y que siempre haya un campo abierto para la curiosidad.

Después de tantos años, lo que me mantiene con ganas es justo eso: la programación no tiene límites, siempre hay un siguiente desafío y una nueva oportunidad de superarte. Y cuando ves tu trabajo funcionando, ayudando a alguien o resolviendo un problema real, la satisfacción es enorme.

Eres una persona muy ‘techie’, siempre al tanto de lo nuevo. ¿Hay algún gadget o tecnología reciente que te haya sorprendido especialmente?

Creo que muchos desarrolladores coincidirán conmigo, la tecnología que más me ha sorprendido en los últimos tiempos es la inteligencia artificial. Aunque lleva años en desarrollo, el salto que han dado herramientas como ChatGPT o Copilot ha sido enorme. Ahora tenemos la posibilidad de utilizarlas en el día a día para resolver problemas, entender errores o incluso generar funciones que necesitamos en un proyecto.

Lo interesante es que no se trata solo de “pedir y copiar-pegar”. Para sacarle realmente partido, necesitas tener conocimientos previos de programación: saber formular bien las preguntas, interpretar la respuesta y validar si lo que propone es correcto o no. En ese sentido, la IA no sustituye la experiencia de un desarrollador, pero sí se convierte en un gran apoyo que te hace ganar tiempo y ampliar tu perspectiva.

En mi caso, la veo como una herramienta muy útil para determinadas tareas del día a día, y creo que apenas estamos viendo el principio de lo que podrá aportar en el futuro.

La IA tiene el potencial de cambiar la manera en que trabajamos, facilitando la resolución de problemas complejos y permitiéndonos centrarnos en la creatividad y el diseño de soluciones.

Sin duda, es una de esas tecnologías que marcan un antes y un después en la forma de programar y de colaborar dentro de los equipos.

Sabemos que te apasiona el pádel. ¿Qué te aporta este deporte y cómo lo conectas con tu forma de trabajar?

El pádel es un deporte que me gusta mucho. Antes le dedicaba muchas horas de entrenamiento y práctica después de mi jornada laboral, aunque ahora, por falta de tiempo, apenas puedo jugar alguna partida.

Lo interesante del pádel es que no es solo un deporte físico, también requiere estrategia, pensamiento rápido y capacidad de reacción. Tienes que anticiparte a los movimientos del rival, tomar decisiones en fracciones de segundo y adaptarte a situaciones cambiantes. En cierto modo, es muy parecido a lo que hacemos como desarrolladores, enfrentarnos a problemas inesperados, analizar alternativas, decidir la mejor forma de implementar una solución y adaptarnos si algo no funciona como esperábamos.

Además, el pádel tiene un componente social que también valoro mucho. Siempre quedamos algún fin de semana con compañeros de Grupo CIE para jugar y luego tomar algo juntos, lo que refuerza la colaboración, la comunicación y el buen ambiente del equipo, valores que luego se trasladan al día a día en el trabajo.

Tu entorno de trabajo está “tuneado”. ¿Qué objetos o detalles no pueden faltar en tu espacio para sentirte cómodo y productivo?

Para un buen programador, los básicos son claros: una silla cómoda, un buen teclado y ratón, una pantalla grande que permita trabajar sin forzar la vista o una buena iluminación. Pero más allá de eso, para mí lo más importante es que la mesa esté despejada. Un espacio ordenado y limpio ayuda muchísimo a mantener la concentración durante la jornada y evita distracciones innecesarias.

Personalmente, odio ver cables por el escritorio o cualquier objeto que moleste visualmente, incluso detalles pequeños pueden romper el flujo de trabajo. Tener un entorno claro y funcional me permite enfocarme completamente en las tareas, organizar mejor las ideas y sentirme cómodo mientras programo. Al final, creo que un espacio bien cuidado no solo mejora la productividad, sino también la motivación y la sensación de control sobre lo que estás haciendo.

Si tu hija leyera esta entrevista dentro de unos años, ¿qué te gustaría que aprendiera de lo que cuentas sobre tu trabajo o tu forma de ser?

Me gustaría que entendiera que nada llega sin esfuerzo. Alcanzar tus metas requiere recorrer un camino largo, lleno de aprendizaje, errores y superación personal. Hay que estar dispuesto a enfrentarse a los retos, caerse y levantarse una y otra vez.

Nadie te va a regalar nada simplemente por desearlo, las oportunidades se construyen con constancia, paciencia y dedicación.

También me gustaría que viera la importancia de la curiosidad y la pasión por lo que haces. Que aprender, equivocarse y preguntar no solo es normal, sino necesario para crecer. Al final, el mensaje que quiero transmitirle es que, con trabajo, honestidad y perseverancia, se pueden conseguir grandes cosas, y que siempre vale la pena luchar por lo que uno quiere, sin rendirse ante las dificultades.

La pasión por la tecnología y el trabajo en equipo han sido claves en el desarrollo profesional de Sergio Pérez en Grupo CIE. Con una actitud proactiva, que va desde el análisis de mejoras hasta el constante aprendizaje, Sergio no solo se ha adaptado a los desafíos del sector pesquero, sino que ha contribuido a transformar los procesos mediante la innovación digital.

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